Páginas vistas

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Pero aquí sigo.

¿A qué le temes?

A esas sonrisas que recuerdas seguidas de una palabra. "Adiós".
Le temo, a quien sin temor se va un día, sin sonrisa, sin adiós.

No le temo a quien abandona avisando, no le temo, a quien con tiempo, te prepara con crueldad.
"Ya me voy, prepárate, me voy, ya falta poco. Espera, espera, ya casi"

Porque entre más tiempo duele más fácil es de detectar; es ahí cuando llego, y aún en medio de la calle grito: "YA, BASTA, ESTOY HARTA, QUIERO QUE TERMINE." Porque grito, yo siempre grito, yo siempre hablo de mi, gritando. Y prefiero el miedo al dolor, ni pregunten porqué.

Ya es más fácil enterarte que alguien se fue cuando ya no está... ¿Lo es? ¿En serio? No. Qué difícil tener, a casi 15 cm de distancia a alguien un día, para que pasados dos, ya no haya nadie.
"¿Estás ahí?" No.
Bonito sería que se fueran, que con ellos el recuerdo. Pero, como diría mi hermana "sí, pero no", "me fui, pero aquí estoy", ¿cuánto se van? y si andan por ahí, ¿por qué no vuelven? No importa si eran felices o no, lo importante eres tú, que lo necesitas.

Necesitas, aunque sea la última vez decirle "Adiós."